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Vestuario y calzado

Son parte integral de la dignidad humana
 
 
 
Existen muy pocos estudios sobre la evolución del vestuario en Colombia. "Si recurrimos a cualquier diccionario de sinónimos, encontraremos que la palabra vestuario -con que de ordinario designamos el conjunto de prendas con las que cubrimos nuestro cuerpo y protegemos la cabeza y extremidades- tiene varias equivalencias lexicográficas. Así, entre otras, tenemos atavío, atuendo, guardarropa, indumentaria, traje, vestido, vestidura y vestimenta. En cuanto a su significado, cada una de estas palabras -como ocurre con todos los sinónimos- tiene matices propios y especiales. Entre ellas, las de sentido más lato son las cuatro primeras y la última. Ropa, traje y vestido, en cambio, parecen contraer su significado a las telas o materiales con que hombres y mujeres cubren el tronco y las extremidades, excepción hecha del tocado y del calzado, es decir, de lo que se ha usado y se usa en la cabeza y en los piés".

 

 

Diario de Cristobal Colón del día 12 de Octubre de 1492

Jueves, 11 de octubre [Entrada que incluye, según se puede inferir, el día 12.10.1492]

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Puestos en tierra vieron árboles muy verdes, y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda la armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio como él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha Isla por el Rey y por la Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito. Luego se juntó allí mucha gente de la Isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias: "Yo (dice él), porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a Nuestra Santa Fe con Amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que tuvieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos a donde nos estábamos, nadando. Y nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuenticillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo.Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y tanbién las mujeres, aunque no vide más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de 30 años. Muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras. Los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballos, y cortos. Los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que fallan . Y dellos se pintan las caras, y dellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos solo la nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro. Sus azagayas son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pece, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de heridas en sus cuerpos, y les hize señas que era aquello, y ellos me mostraron como allí venían gente de otras islas que estaban cerca y los querían tomar y se defendían. Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos. Ellos deben ser buenos ser-vidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía. Y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestra Alteza para que aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos en esta Isla.

 

Españoles y aborígenes fueron protagonistas de los dramáticos episodios de la conquista. De los resultados de este encuentro de razas, de mentalidades y de situaciones contrapuestas, hablan los trajes de unos y de otros. A las corazas, armaduras y rodelas de los primeros, opusieron los aborígenes atuendos de plumas, collares de semillas polícromas y breves faldellines de hojas secas, de plumas o de fibras vegetales. El traje aborigen, si es que de tal puede hablarse, variaba con el clima en que habitara la tribu. El atuendo chibcha, por ejemplo, se basaba en sus tejidos de algodón y en las célebres "mantas" del mismo material. Al parecer, las faldas de "chircate" de las mujeres chibchas continuaron en uso hasta comienzos del siglo XIX.

Al considerar la extrema diferencia del atuendo de los conquistadores -entre los que primaba el vestido "defensivo"- y el de los aborígenes, acude a la memoria lo que Baldomero Sanín Cano escribe en su ensayo El descubrimiento de América y la higiene: "No es difícil imaginar la pulcritud que gastaban los soldados, los aventureros, los conquistadores. Esos héroes de la codicia y del amor a lo desconocido cruzaban los mares en barcos mal atendidos, sin mujeres a bordo que cuidasen de la limpieza de las ropas. Llegaban a tierra firme y vestían todas sus armas. Debajo de la pesara coraza estaban las ropas, que acaso no se mudaban en todo el tiempo de las marchas antes de encontrar al enemigo en la altiplanicie de México, en el reino de los Chibchas, en la capital del Imperio Inca.

Situación que contrastaba con la de los aborígenes, cuyos hábitos de limpieza eran notables, tal como lo atestiguan los cronistas de la conquista. De los indios del Darién dice López de Gomara, por ejemplo, que "acostumbraban a lavarse dos o tres veces al día, especialmente ellas, que van por agua"; de los indios del Orinoco, afirma el padre Gumilla que se "echan a dormir al anochecer y madrugan con la primera luz del día a lavarse en el río o arroyo, sin que haya en esto falta alguna".

Este encuentro de mundos que -en nuestro país como en el resto de América- fue la conquista, está representado con eficacia en las láminas de la Serie I, por la que desfilan guerreros, funcionarios y frailes españoles y caciques, músicos y guerreros aborígenes, culminando el panorama con un simbólico episodio, en que un soberano chibcha, desposeído ya de sus reinos, recibe las aguas del bautismo.

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1.Capitanes y soldados. De izquierda a derecha: a) traje de combate de un Adelantado: cota de mallas recubierta de armadura de placas, calzas de seda, zapatos de cuero; b) soldado en traje civil o "de corte"; c) soldado con "ropilla": capa corta, calzón bombacho, calzas y polainas "de vuelta"; d) soldado con casco, rodela y espada, cota de mallas recubierta de armadora y polainas altas y ceñidas; e) lancero con casco y morrión, rodela, cota de mallas cubierta de armadura, calzón de terciopelo rojo y calzas de lana.

2.Ordenes monásticas. De izquierda a derecha: a) fraile agustino en hábito de calle; veste negra de mangas muy anchas y largas, con capuchón; b) fraile benedictino: hábito y manto negros; c) fraile franciscano: hábito marrón, ceñido por una cuerda; d) fraile cartujo: hábito y capuchón de tela blanca; e) fraile capuchino: hábito marrón y capa corta con capuchón puntiagudo.

3. Indios coreguajes. Aborígenes del Caquetá, actuando durante un baile ritual en atuendo de fiesta: llevan diademas de plumas, dobles collares y bandas cruzadas sobre el pecho, cinturones muy ajustados y breves faldellines de fibras vegetales. El tocado de flautista y del tamborilero es idéntico. El indio de la derecha lleva además, una guirnalda polícroma que desde la cabeza le cae a lo largo de la espada. Las máscaras rituales fueron de uso muy frecuente entre los aborígenes, quienes las usaban para "adquirir" los poderes de las deidades que ellas representaban. La máscara y el antifaz han formado parte del atuendo festivo de nuestras sociedades criollas, como derivación de los usos tradicionales españoles y de las creencias indígenas.

4. Toma de posesión territorial. Al desembarcar, el Capitán o Adelantado de la "hueste" toma posesión de la tierra que acaba de descubrir. Como cinco de sus hombres, lleva calzón bombacho, calzas y borceguíes. Inmediatamente detrás de el tocado con un sombrero blando, de terciopelo rojo, llevando un jubón amarillo, se divisa un funcionario civil, escribano o justiciero.

5. Indígenas cosecheros. 

6. Sitiando un reducto.

7. Conversión de indígenas.

8. El bautizo de Aquiminzaque. Aquí, también contrasta dramáticamente la desnudez del aborigen con las acorazadas vestiduras de los conquistadores y con los pavitos y cogullas de los religiosos. A la izquierda, Hernán Pérez de Quesada aparece luciendo largas espuelas, polainas altas de cuero de "venado" y banda roja terciada sobre la coraza. Aquiminzaque, despojado del señorío de Hunza (Tunja), fijó su residencia en Ramiriquí y se convirtió al cristianismo antes de ser cruelmente ajusticiado por los españoles.

Durante la etapa colonial de nuestra historia, los blancos distinguidos siguieron las modas españolas de la época y luego las francesas. Los mestizos de las clases bajas, usaron trajes que se tipifican poco a poco y llegan -con ligeras variantes- hasta mediados del siglo XIX. A los indios sometidos, se les imponen sencillos vestuarios para cubrir su desnudez: túnicas, con mangas o sin ellas, para las mujeres y largas camisas para los hombres. Estilísticamente considerada, y por lo que dice a los trajes, la época colonial se inicia dentro del ámbito renacentista, culmina con los estilos del barroco (siglo XVII y declina el estilo rococó, que es el resultado del ascenso de los borbones al trono español.

9. Lanceros y alabarderos. Atuendos militares de la época de Carlos I y Felpe II (1527-1598). A la izquierda, soldado con cuerpo de lanceros y a la derecha un capitán de alabarderos. Ambos llevan morrión, gorguera blanca y armadura. El soldado usa polainas altas, ajustadas; el capitán, calzas de raso rojo y botas altas de becerro.

10. Armadura de parada. Gentilhombre vistiendo armadura completa. Lleva morrión con gran plumero, gorguera de encajes, calzón corto abullonado y calcado de "hocico de pero". Esta indumentaria guerrera se usaba hacia 1580. El personaje porta espada al cinto y lleva en la mano derecha un bastón de mando.

Entre los trajes más comunes de la colonia tenemos: 

Traje femenino de corte. (Comienzos del Siglo XVII). Aquí se inicia el reinado de la imponente crinolina, cuyo uso suponía el del invisible miriñaque, armazón hecha de percal y varillas metálicas. El vestido es de dos piezas: saco con canesú, mangas abultonadas y altos puños de encaje, "en embudo" o manopla, talle angosto y amplio y redondo faldón y falda doble, en que la sobrefalda, entreabierta deja ver el rico brocado de la inferior.

Traje de campesina. Para el óleo "Ruth espigando", Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos se inspiró en el traje que usaban las campesinas de las vertientes occidentales de la Cordillera Oriental, en la zona del actual departamento de Cundinamarca. Esta sencilla túnica tiene toda la sencilla y fácil elegancia del quitóngriego.

Traje femenino de gala. (Primera mitad del siglo XVII). Presenta características análogas al traje de corte. Sólo que su barroquismo se acentúa más aún, como puede verse en las abultadas mangas "de farol", en los puños de espumosos encajes y en el diámetro, muy ensanchado, del famoso miriñaque.

Trajes de golilla.  (Segunda mitad del siglo XVII). Atuendo femenino: sombrero de fieltro adornado con plumas, golilla y canesú, traje de una sola pieza con capilla, corpiño terminado en punta y falda de anchos y redondeados pliegues. Traje masculino, "de corte y ciudad", con golilla, jubón sin mangas que deja ver las de la camisa, faldellín de brocado, calzas de seda y calzado de cordobán con borlas de lana.

Trajes de casaca. (Primera mitad del siglo XVIII). A partir de Luis XIV, la moda francesa comenzó a influir en España, donde los varones abandonan paulatinamente el chambergo y adoptan el sombrero de alas levantadas, al igual que las grandes casacas cuadradas y el calzón ajustado debajo de la rodilla. Este Virrey de empolvada peluca trajo al Nuevo Reino de Granada la silueta y el atuendo que eran de recibo en la corte española de su tiempo.

  

Trajes de labradores criollos. En "El Otoño, cuadro de Gregorio Vásquez de Arce y Cevallos, el artista reprodujo los trajes de faena de una pareja de labradores criollos de su época y de su medio: la Sabana de Bogotá. Se trata sin duda, de estancieros acomodados. La mujer lleva un sencillo vestido sin mangas, que deja ver las de la camisa, y un gran delantal azul; el hombre usa jubón con mangas, ceñido por una faja, calzas azules y botas altas de cuero de "venado". Todavía luce la clásica golilla, en camino de transformarse en un cuello sencillo.

De capa y chambergo. Esta especie de "mosquetero" usa todavía el chambergo adornado, a la española, con plumas de avestruz. Lleva jubón, camisa de anchas mangas, calzón bombacho y altas botas "de campana". La capa encuadra airosamente su figura, que evoca la de un joven pirata, o la de un audaz y despreocupado perdonavidas.

Dama con blanqueta. Este hermoso traje femenino corresponde a la moda de la segunda década del siglo XVIII. A la dignidad de la silueta contribuyen el busto de corselete y la amplia falta. Estos vestidos se confeccionaban con brocado de seda labrada. La capa, colgante de los hombros, llevaba un sobrecuello de la misma tela. Esta moda francesa refleja el advenimiento de los Borbones al trono español, ocurrido en el año de 1701.

El Siglo XIX colombiano, escribe Joaquín Tamayo en Nuestro Siglo XIX (Editorial Cromos. Bogotá, 1941), fue de contrastes, de intensa lucha: oloroso a pólvora. Romántico y propicio a lo artificial, a lo turbulento, a ratos sin sentido alguno. La tendencia a expresar en fórmulas absolutas el bienestar humano hizo que los neogranadinos y sus descendientes olvidarán lo real en persecución de una quimera (..). lucharon con el pecho descubierto para lograr un mundo mejor, acorde con sus creencias o simpatías: su lucha fue caballerosa, expirada, romántica..."

Podría afirmarse que la época de la Independencia se inicia en nuestro país con la traducción de Los derechos del hombre y del ciudadano realizó don Antonio Nariño en Santafé en el año de 1974. Y que finaliza con la disolución de la gran Colombia. Lo que abarca un período de unos 35 años, fecundos en acontecimientos de todo género, épicos muchos de ellos y trágicos algunos. El traje, en esa etapa resonante y agitada, revela de una parte las tradiciones hispánicas y de otra la influencia francesa, a la que no tarda en añadirse la de las modas inglesas, traídas a nuestro país por los oficiales de la Legión Británica y luego por los comerciantes y agentes diplomáticos llegados de Inglaterra con sus familias.

El cambio político que comienza a gestarse desde fines del Siglo XVIII trae consigo un cambio en las costumbres y, por ende, en el vestuario. Hasta entonces, las clases sociales elevadas habían vestido lujosamente y al estilo cortesano. El ambiente democrático modifica totalmente este atuendo: al iniciarse el siglo XIX, además, comienzan a suprimirse las pelucas empolvadas y los caballeros adoptan los sombreros de copa alta, la severa y entallada levita y las botas de charol, a tiempo que las damas abandonan los altos tocados y se cubren con amplias mantillas de seda, de color blanco, negro o azul.

Las fuentes documentales, de otra parte, comienzan a multiplicarse. Y no solamente las de carácter gráfico, sino las literarias, como puede verse en los amenos relatos de José Caicedo Rojas (Apuntes de Ranchería), José María Cordobés Moure (Reminiscencias Santafé y Bogotá) y Pedro María Ibáñez (Crónicas de Bogotá), obras de las cuales hemos extractado la mayor parte de los trozos documentales que figuran en la tercera parte de esta presentación a la Historia del Traje en Colombia.

 En el artículo Bailes(Tomo I de sus Reminiscencias) afirma Cordobés Moure algo que parece dar a entender que nada cambió en el país, o al menos en Santafé de Bogotá, con los sucesos de la Independencia.

 "Hasta el año de 1849, época en que puede decirse empezó la transformación política y social de este país, se vivía en plena Colonia. Es cierto que no había Nuevo reino de Granada, ni Virrey, ni Oidores; pero si hubiera vuelto alguno de los que emigraron en el año de 1819, después de la destrucción de los escudos de las armas reales; la traslación del Mono de la Pila (...). Esto, que es verdad por lo que dice a la vida familiar de los bogotanos, y al aspecto de la ciudad, no podría extenderse a la vida política, ni tampoco al vestuario de las clases sociales altas. Como lo demuestra, precisamente, esta tercera serie de láminas.

 

Sombrereras de Bucaramanga. Las tejedoras y "mercaderas" de sombreros "nacuma" fueron figuras muy populares hacia 1850 en la entonces villa de Bucaramanga. En esa época, las mujeres de la antigua Provincia de Soto usaban blusas blancas escotadas, amplias faldas  de lienzo azul y mantellinas de vivos colores; los hombres, camisa blanca y pantalón de manta rayada. Todo, de fabricación regional.

  

 

Militar de alta graduación. A la noble apostura de los guerreros de la Independencia contribuyó a su atuendo: casaca de cuello alto y largos faldones, con ricas charreteras bordadas y banda tricolor a la cintura; calzón ajustado, botas altas, amplio y airoso capote y bicornio emplumado.

Campesinos de Tunja. Tocados con los clásicos sombreros "de trenza", estos labriegos usaban grandes ruanas de lana tejida y pantalón de manta del Socorro. El de la izquierda lleva una montera debajo del sombrero, como era costumbre en las tierras frías. En jaulas ovaladas de chusque o de cañabrava, los labriegos transportaban su volatería a los mercados pueblerinos.

Arriero y tejedora de Vélez. La tejedora de sombreros "nacuma" lleva el cabello recogido en largas trenzas, rebozo de vivos colores, blusa "golona", con amplísimo ecote y falda y sobrefalda de lienzo azul. El arriero usa gran ruana listada, pantalón "arriscado" y alpargatas.

 

 

Jóvenes de Túquerres. Tocados con sombreros de fieltro, ambos visten pantalón a cuadros. El de la izquierda usa amplio bayetón tuquerreño y alpargatas; el de la derecha, ruana de dos fases y "botines" de cuero de soche. El bayetón se distinguía de la ruana por su forma, por su color uniforme y por su "guarda" o "vivo" a rayas polícromas.

Indio de San Agustín.  Así vestían, a mediados del siglo XIX, los aborígenes de la zona arqueológica de San Agustín. Su atuendo se componía de cuatro prendas: una especia de boina, de lana tejida; amplia y larga ruana del mismo material; camisón sin mangas y amplísima "falda-pantalón" a media pierna. Vestimenta de los Arhuacos actualmente. 

Mujeres de Antioquia. Estas figuras, captadas a mediados del Siglo XIX, muestran los tres tipos de blusas usadas por las mujeres del pueblo antioqueño, que de ordinario andaban descalzas. La del centro, lleva una "sobre-blusa" sobre el corpiño. La de la derecha, lleva la mantellina colgante de la cabeza, como las mujeres del Medio Oriente.

  

 

Militar de alta graduación. La prenda más característica de los uniformes militares de la oficialidad superior, a comienzos de la éra republicana, era la casaca ceñida a la cintura, con charreteras aborlonadas y amplísima solapas galoneadas en forma de escudo heráldico. Debajo de esta casaca, se usaba camisa con alto cuello y chaleco blanco con cinco o seis botones. El cuello de la camisa se envolvía en un corbatón negro.

Caballero a la moda "Imperio". Sombrero de copa con alas curvilíneas, camisa con alzacuello y perchera "de boleros", "chupa" o casaca de largos faldones, pantalón ajustado y bastón "de caña". La moda francesa, hacia 1830, aún persistía en Colombia, pero iba siendo remplazada por la inglesa.

Soldados grancolombianos. En los primeros tiempos de la República, existieron atuendos, pero no propiamente "uniformes" militares. Estos surgen, para la suboficialidad y la tropa, al consolidarse la  Gran Colombia. Húsares, lanceros, carabineros y otros cuerpos usaban altos chacós con penacho y visera, guerrera cortas con bandas distintivas cruzadas sobre el pecho y pantalón ancho entubado.

 

Trajes muy populares en la época de la Independencia

Trajes de la época Republicana


 

Trajes al finalizar el siglo XIX

Trajes al inicio del siglo XX

  
 
  
 
  
 
  
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